Hay escritos que permanecen guardados durante años sin que nadie los reclame, como si aguardaran silenciosamente el momento preciso para volver a nuestras manos. Este texto, que la comunidad parroquial dedicó a la Hna. Rimet cuando partió hacia Italia para un encuentro de formación Gianellina, es uno de esos gestos que la Providencia reserva para un tiempo determinado, el tiempo de Dios. Lo encontré por casualidad —o quizá por gracia— mientras buscaba unos sobres, y al tenerlo nuevamente entre mis manos comprendí que no era solo una despedida antigua, sino un testimonio vivo de lo que ella sembró entre quienes la conocieron y la amaron.
Ni ella recordó pedírmelo, ni yo recordé devolverlo. Hoy, después de su partida al encuentro del Padre, este escrito vuelve como una palabra que se abre en el momento justo, como un eco de su vida sencilla, luminosa y entregada. Lo comparto con ustedes como memoria agradecida y como homenaje silencioso a una Hija de María Santísima del Huerto, cuya presencia dejó huellas profundas en cada comunidad que tocó.
Despedida a la Hermana Rimet
Hoy nuestra Parroquia vive un momento muy especial, marcado por sentimientos profundos de alegría, cariño y una nostalgia anticipada. Nuestra querida Hermana Rimet, mujer de fe firme, corazón generoso y testimonio luminoso, ha sido elegida y bendecida para una misión importante: participar en una formación en el Vaticano, cuna de nuestra Iglesia.
Sentimos un inmenso orgullo al saber que el testimonio de su vida, tan lleno de fe, entrega y amor —y que tanto fortaleció a nuestra comunidad— ahora será compartido en tierras sagradas. Su camino siempre fue un reflejo del amor de Cristo, de la sencillez de María y de la fuerza del Espíritu Santo. Y ahora, con este nuevo paso, usted lleva consigo no solo su maleta, sino también nuestros corazones, nuestras oraciones y toda la fe de nuestra comunidad.
Cada gesto suyo, cada palabra de consuelo, cada momento de oración compartido entre nosotros permanecerá como semilla fértil en nuestros caminos. Su presencia amorosa y firme siempre fue un signo claro del cuidado de Dios entre nosotros.
Sentiremos nostalgia de su voz serena, de su alegría contagiosa, de su presencia activa en cada momento de la comunidad y de su modo único de acercar a Dios con pequeños gestos de cariño, acogida y servicio. Cada palabra compartida, cada oración conducida y cada sonrisa dejarán huellas eternas en nuestros corazones.
Pero más que nostalgia, sentimos gratitud. Gracias, Hermana Rimet, por todo lo que sembró entre nosotros con tanto amor. Que esta nueva etapa esté llena de gracia divina, que el Espíritu Santo la guíe con sabiduría, paz y fortaleza, y que Nuestra Señora, madre de todos nosotros, esté siempre a su lado como Madre, intercesora y compañera de camino.
Aquí permaneceremos unidos en oración, seguros de que su misión ahora es también una extensión del amor de nuestra parroquia por el mundo. Vaya en paz, con la certeza de que aquí siempre tendrá un hogar y muchos corazones que la aman profundamente. ¡Estamos ansiosos por recibir muchas fotos y sus experiencias!
Vaya con Dios, hermana; estaremos siempre unidos, aguardando su regreso.
Con cariño y amor…
Parroquia Nuestra Señora del Patrocinio









