Durante su tercer viaje a Tierra Santa, un sacerdote católico llamado Don Mariano Soler, de Montevideo, vivió una profunda visión mientras descansaba bajo un nogal en Ortas, en el valle del Jardín de Salomón. Este acontecimiento extraordinario se convirtió en parte de un valioso itinerario espiritual. Él escribió:
“Me parecía ver, en el gracioso jardín, completamente cerrado y aislado del mundo, una multitud de vírgenes recorriendo su recinto sagrado, encantadas mientras seguían a la Virgen Madre, y alegrándose por el jardín florido en una procesión festiva y augusta. En su caminar, recogían las flores más hermosas y fragantes, ofreciéndolas cada una a María con emulación filial; mientras María tejía espléndidas guirnaldas que, a modo de diadema, colocaba en la frente de las vírgenes que continuaban siguiéndola, con cantos alegres y armoniosos, como cánticos de ángeles. Y mientras estaba en esa contemplación, me pareció oír una voz que decía: ‘Esas vírgenes que María corona complacida y bondadosa con las flores de su divino Jardín son las Religiosas del Instituto, que se honra, único entre todos, con el nombre de Hijas de Nuestra Señora del Huerto.’”
Esta inspiradora visión de Mariano Soler sigue invitándonos a reflexionar sobre la profundidad de la fe, la sencillez del corazón y la belleza de ofrecer incluso los actos más pequeños de amor. Como las flores recogidas por las jóvenes, cada oración y cada buena obra pueden convertirse en parte de una gran corona de gracia y devoción.
Esta memoria sagrada merece ser preservada y presentada al público; por ello, la Hna. Rosa Di Toro encargó al artista italiano Daniel Santoro la creación de una obra maestra que representara la visión de Mariano Soler.
La Representación Artística
La visión fue plasmada artísticamente en paneles por Daniele Santoro durante su estancia en el santuario de Ortas en marzo y abril de 2026. Con sensibilidad y creatividad, dio vida a la escena espiritual mediante la técnica del dripping y delicados elementos artísticos.
La hermosa imagen está colocada bajo un arco en el valle. En su obra, el sereno encuentro bajo el nogal y el gesto simbólico de las jóvenes ofreciendo una guirnalda floral se transformaron en una expresión visual duradera de fe y devoción, permitiendo que las generaciones futuras contemplen y aprecien esta significativa experiencia espiritual.
En su discurso de agradecimiento, Daniel dijo:
“En el centro de la escena hay un gesto: una corona de flores, sostenida en las manos de la figura femenina. Según la tradición, estas flores son recogidas y ofrecidas por otras vírgenes…”
Esta figura representa a la Santísima Virgen María, a la luz también del pasaje del Cantar de los Cantares 4,12.
El Paisaje y su Significado
“El paisaje recuerda el valle: un lugar que, por su propia naturaleza, es apartado, protegido, en cierto modo intacto, y precisamente por eso capaz de conservar algo.”
“El agua fluye por el valle de manera simple, casi escondida, como si formara parte del lugar mismo: no es algo que se impone, sino que acompaña, permanece y, de algún modo, preserva y atraviesa todo lo que vive a su alrededor.”
Mariano Soler aparece representado bajo un nogal, en plena estación, con una cesta de cítricos a su lado —frutos abundantes en ese jardín—: un recordatorio sencillo pero concreto que une la dimensión de la visión con la de la realidad, sin separarlas.
El artista añadió:
“Esto me impresionó profundamente, porque me llevó a mirar lo sucedido no simplemente como un encargo, sino como algo que debía ser reconocido. Es una reflexión que permanece en mí: el riesgo de que estas transiciones ocurran y que yo mismo no me dé cuenta.”
Un Legado Espiritual para las Generaciones Futuras
La interpretación artística de Daniel Santoro ha dado forma duradera a esta memoria sagrada, permitiendo a peregrinos y visitantes contemplar su mensaje espiritual a lo largo del tiempo. Enmarcada en el paisaje recogido y fecundo del valle, la imagen invita a reflexionar sobre el misterio de la presencia de Dios en la vida cotidiana y sobre la importancia de preservar los lugares de oración, belleza y gracia.
Como patrimonio espiritual del Santuario del Hortus Conclusus, esta visión continúa inspirando a los corazones a buscar la santidad con confianza, pureza y alegría para las generaciones futuras.





















