Con el corazón lleno de gratitud y alegría, deseamos compartir la hermosa experiencia del retiro espiritual celebrado en el Monasterio de Santa Croce, en Bocca di Magra. Varias hermanas de la Provincia Madre Caterina, en Roma, tuvieron la bendición de reunirse en este lugar de extraordinaria belleza —abrazado por el mar azul y rodeado de olivos— para vivir un tiempo de oración, reflexión y renovación interior.
Nos reunimos para meditar y orar en torno al tema: “Atentas a los signos de los tiempos, con el corazón abierto y dispuesto a la novedad del Espíritu, para promover la cultura de la vida”. Este tema abrió profundos horizontes de reflexión y nos invitó a mirar la realidad que nos rodea con ojos nuevos, redescubriendo nuestra llamada a ser signos vivos de la vida en plenitud en el mundo actual.
El núcleo del retiro fue un recorrido bíblico intenso y conmovedor, centrado en la vida de María, Madre de Dios, y de Jesús. A través de las Sagradas Escrituras, redescubrimos cómo sus vidas iluminan y alimentan nuestro propio camino como mujeres consagradas, ofreciéndonos modelos concretos de apertura, fe y entrega total a la voluntad del Padre.
Las meditaciones nos guiaron paso a paso por los momentos clave de la vida de María y de Jesús. Fue un tiempo de verdadera oración contemplativa, de silencio fecundo y de escucha profunda de la Palabra.
Entre los muchos pasajes bíblicos que nutrieron nuestra oración y meditación, hubo unas palabras que dejaron una huella especialmente profunda en nuestros corazones: “No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios” (Lucas 1, 30).
Estas palabras, dirigidas por el ángel a María, nos recordaron que también nosotras estamos llamadas a vivir sin miedo, seguras de saber que somos amadas y sostenidas por Dios en cada paso de nuestra vida consagrada. “Para Dios nada es imposible” (Lc 1, 37): una promesa que se ha convertido en un renovado fundamento de confianza. “Debo ocuparme de las cosas de mi Padre” (Lc 2, 49): las palabras del joven Jesús en el Templo resonaron como una llamada renovada para cada una de nosotras; esta es nuestra vocación más profunda: ocuparnos de los asuntos del Padre con todo nuestro corazón y con toda nuestra vida. Este retiro fue un tiempo de auténtica gracia para nosotros. Las Escrituras, la belleza del entorno, la comunión compartida y el silencio fecundo de la oración renovaron nuestro espíritu y reavivaron en nuestros corazones el deseo de consagrar nuestra vida a las cosas de Dios. Partimos con el corazón más libre, más receptivo y más abierto a la novedad del Espíritu.
Damos gracias al Señor por este don precioso.



